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Archive for 24 febrero 2014|Monthly archive page

Tomi Ungerer

In Hallazgos on 24 febrero, 2014 at 15:56

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Tomi, su caballo de Troya y nunca es demasiado lejos

A su llegada a Nueva York, en 1956, Tomi Ungerer contaba sesenta dólares en el bolsillo, algunas hojas en blanco, otras ya ilustradas y unos lápices. No queda claro dónde se instaló inmediatamente. Se sabe, porque así lo cuenta él, que a los pocos días pasó su mañana frente a un puesto de diarios, ojeando y tomando nota de las revistas en las cuales le habría gustado trabajar. Más tarde, se sentó en una cabina telefónica y pidió a la telefonista que lo comunicara directamente con el director de unas de esas revistas; y, tan sencillamente como eso, tan sencillamente como podían darse las cosas hace medio siglo, concordó una entrevista para mostrar su trabajo unos días después.

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Hacer acopio

In Descategoría on 20 febrero, 2014 at 18:55

Ahora, descargando

Se diría que en estos tiempos, más que en otros tiempos, las circunstancias tienden a dirigirse, sintomáticamente, hacia los extremos.

Hoy, se verifican los mayores índices de pobreza… y se enumeran las más grandes fortunas personales en la historia de la humanidad; se come y se engulle y se devoran las comidas más truculentas y dañinas que fuimos capaces de producir… y se opta por un magno-supra-holo-veganismo en el que la propia mirada apática a la ovejita detrás del alambrado es tomada como un insulto a las buenas costumbres sino a la ética moral más básica; se es, más llanamente, ultra oficialista… o ultra opositor.

En el mismo plan -ya que todo, todo propende a contagiarse- el mundo virtual, ese mundo de software, informática, lenguaje binario y Red nos muestra, también, esta dicotomía. Hay quien ya no “tiene” nada; ni fotos impresas, ni cassettes, ni cedés, ni VHSs, ni lapiceras, ni papel de imprimir; y hay quien no puede soltar, siquiera por una temporada, sus infinitas revistas, sus libros de hojas quebradizas, sus apuntes de facultad, sus vinilos, cassettes y magazines, sus postales de otros lugares del mundo a los que nunca irán.

Así, hoy, la decoración tiende hacia dos clases de hogares: los ridículamente despojados y los estúpidamente repletos.

Así, hoy, los usos y costumbres fetichistas marchan hacia dos tipos de tipos: el boludo minimalista; y el boludo acumulador.

Así, hoy, y dado que  soy un poco de los dos tipos de boludo, busco quedar bien con todo el mundo y subo la sección de DESCARGAS… para que puedas tener lo intangible.

Déjà vu, Guillermo Martínez, bloqueos y posibilidades

In Descategoría, Personales on 19 febrero, 2014 at 12:12

Un mes y medio sin déjà vus

Hace un mes y medio que -para no usar la patética expresión “patié el tablero”- diríamos, metí el bochazo y cambié de frente.

Hasta diciembre trabajaba en una agencia de publicidad (diez años, más o menos, en el rubro); y desde enero ya no. Ahora escribo… Escribo más que antes, en todo caso.

Como sea, en este mes y medio logré componer una rutina mañanera que, aunque no completamente nítida, empieza a consolidarse. Así, me levanto, enciendo la radio en la computadora, abro el procesador de texto, el navegador de Internet y luego, a mano, apunto una lista de objetivos a perseguir durante el día. A partir de entonces, de a ratos escribo, de a ratos leo, de a ratos me arrastro por el tedioso y necesario oficio de darle bola a las redes sociales…

En relación con esto último es que, por ejemplo, ahora existe este blog; o que también por ejemplo y de pronto, todas esas “herramientas” 2.0 empiezan a relacionarse entre ellas, como con vida propia, y uno va recibiendo alertas, mensajes, correos electrónicos y sugerencias. Así, hoy temprano llegué al blog de Guillermo Martínez.

La entrada más reciente enlazaba con un cuento publicado en Página12: Déjà vu, o los reinos de la posición horizontal. El cuento es breve y realmente admirable. Los temas, como el autor mismo explica y como yo arriesgo, son el contraste del frenesí en el acto sexual frente al letargo de la ancianidad senil; el principio cartesiano; las relaciones de familia; y, por supuesto, el Déjà vu.

Mientras lo leía, en la radio (@nadie951) comentaban el éxito editorial de Contarlo Todo, de Jeremías Gamboa. Es un libro que no leí, por lo que no puedo estar completamente seguro respecto de qué va en un sentido amplio; pero de acuerdo con los locutores, se trata de una novela de iniciación, fresca, literariamente “novedosa” cuyo tema es “romper el bloqueo”, dejar de hacer aquello que se hacía patética y tediosamente y animarse a… escribir. Qué sé yo.

La cosa, es que en ese momento en que empezaba mi día, inesperadamente se congregaban diferentes aspectos que me parecieron estar hablando de mí. Diríamos, el fin del bloqueo, un blog literario, un escritor incipiente / un escritor eximio, el dedicarse a escribir, mis propias ideas del déjà vu, mi literatura, pienso, o escribo, o babebo luego existo…

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Y entonces, sucede que entre otras ideas, siempre creí que el déjà vu era algo así como un volantazo del destino, un bochazo que, en un momento de lucidez cósmica, cambia de frente el rumbo que veníamos tomando en la vida. Algo así como un permiso celestial para frenar el devenir y retomarlo desde un punto determinado, pasado. Por supuesto, EL momento desde el que retomamos es un momento que vivimos por segunda vez. Superponemos un instante universal con el mismo instante universal y cambiamos la dirección de nuestras decisiones: es ese acto el que nos provoca la sensación de cosa ya vivida; puesto que efectivamente lo es.

Hoy, blogs, redes, desbloqueos, lecturas y literaturas de por medio, no recuerdo cuando fue la última vez que tuve un déjà vu; y eso me preocupa. De cierta manera, esperaba que el déjà vu viniese, que fuera una comprobación del cambio; pero ya va un mes y medio, y nada.

En el cuento de G. Martínez, al final, el protagonista comprende la realidad en la que vive, o transcurre. Por mí parte, yo todavía no estoy seguro. Las posibilidades son dos. O que el último déjà vu de mi vida vino hace tiempo y no tiene nada que ver con las letras; o que este sea, sin más vueltas, mi único destino.

Haciendo Patria

In Cuentos, Hallazgos on 17 febrero, 2014 at 12:51
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Entre otros, el Archivo General de la Nación reúne una copiosa cantidad de crónicas, libros y textos referidos a la, como suele decirse, hechura de la patria. Próceres, caudillos, soldados de la partida y gauchos de frontera se amontonan en miles de páginas extraídas de novelas y memorias, diarios personales y periódicos de esa época en que los límites de la nación latían encogiéndose y agrandándose al ritmo de los últimos alientos aborígenes. Hay textos más y menos ilustres; más teñidos de perspicacias ideológicas, y menos alejados de la sincera y llana descripción de esos primeros paisanos sujetos con alma y vida al campo y al sol.  De entre esos textos, quizá, no exista ninguno más curioso y estimulante que este que transcribo aquí.

            Poco es lo que puedo referir respecto de su autor, o de su lugar y período de composición. Lo encontré, suelto y escrito en caligrafía apretadísima, dentro de una primera edición de los “Cielitos…” de Bartolomé Hidalgo; aunque arriesgaría que es anterior a la época del montevideano. No estaba titulado, ni firmado; no tenía marcas de procedencia; no indicaba si se trataba de un artículo periodístico o de la invención inesperada de algún poeta del siglo XIX. El único atributo que me permití, fue inventarle un título.

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¡Viva la patria!

Don Ramón Rejuira desmontó con la gracia propia del jinete avezado. Tomó su daga con la diestra y espantó al overo con la siniestra. Quedó frente a ese invasor, cuya figura se agrandaba como en una sucesión de latidos de todo su cuerpo, casi imperceptibles, pero espantosos

–¡Oiga! –exclamó–. ¡Gringo! Ya le han cantado su hora… ¡Qué dice!

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Partiendo de lo que no conozco

In Cuentos on 12 febrero, 2014 at 10:02

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Escribo así, a veces

Es verdad, cuando me pongo a pensar en esto, que suelo volver a cierto esquema temático más o menos identificable una y otra vez. De tanto en tanto, escribo arrancando desde una premisa que no prevé su conclusión, pero que refiere a un suceso casi inverosímil a cuya reacción no tengo respuestas.

Pasa algo inaudito que me sorprende y que sorprende al protagonista del relato; y a partir de entonces, observo (asombrado a veces; aburrido otras) cómo se desdobla la acción.

Así, un hombre es amenazado a terminar un trabajo cuya naturaleza desentiende; otro joven cualquiera observa cómo una mujer desconocida se sienta frente a él en un bar y lo trata con una confianza de años; o, como ahora, alguien recibe una nota bajo la puerta de su departamento con un reclamo inusual.

Finalmente y para cerrar un círculo, ahora yo les ofrezco un texto, de mi autoría, y los insto a leerlo.

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¡Silencio!

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Una persona, un hombre, recibe un sobre bajo la puerta. En el sobre hay dinero; y una nota. La nota, pide, amablemente (y al mismo tiempo conlleva cierto tono de amenaza), que durante lo que reste de esa jornada y hasta la mañana siguiente, el o los ocupantes de ese departamento procuren hacer –y sólo en caso de una necesidad apremiante, “tal siquiera eso”– el menor ruido posible. La solicitud está firmada El vecino del 5to. D.

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La primera fotografía de un hombre

In Ensayos on 11 febrero, 2014 at 16:10
Boulevard Du Temple. 1838

Boulevard Du Temple. 1838


La ausencia del más apto

La primera fotografía de un hombre fue tomada hacia finales de 1838 por Louis Daguerre. Particularmente, habría preferido que los laureles de tal hazaña se los llevara alguien menos presente en el imaginario de los triunfadores de lo humano; alguien que, alejado de los límites de aquello que alcanza la popularidad a fuerza de la reproducción, hubiera contribuido al desarrollo de la fotografía, sino tan profundamente, al menos sí de manera más discreta; pero no fue el caso. Ni Joseph Nicéphore Niépce, ni Robert Cornelius (quién alrededor de un año después lograría la no menos loable proeza del primer retrato fotográfico de la historia), incuestionables ancestros en la artesanía de capturar y congelar las escenas de la vida en movimiento, ni uno ni otro consiguieron adscribirse aquél galardón. Cosas que pasan…

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