diegomongelli

Archive for the ‘Descategoría’ Category

Hacer acopio

In Descategoría on 20 febrero, 2014 at 18:55

Ahora, descargando

Se diría que en estos tiempos, más que en otros tiempos, las circunstancias tienden a dirigirse, sintomáticamente, hacia los extremos.

Hoy, se verifican los mayores índices de pobreza… y se enumeran las más grandes fortunas personales en la historia de la humanidad; se come y se engulle y se devoran las comidas más truculentas y dañinas que fuimos capaces de producir… y se opta por un magno-supra-holo-veganismo en el que la propia mirada apática a la ovejita detrás del alambrado es tomada como un insulto a las buenas costumbres sino a la ética moral más básica; se es, más llanamente, ultra oficialista… o ultra opositor.

En el mismo plan -ya que todo, todo propende a contagiarse- el mundo virtual, ese mundo de software, informática, lenguaje binario y Red nos muestra, también, esta dicotomía. Hay quien ya no “tiene” nada; ni fotos impresas, ni cassettes, ni cedés, ni VHSs, ni lapiceras, ni papel de imprimir; y hay quien no puede soltar, siquiera por una temporada, sus infinitas revistas, sus libros de hojas quebradizas, sus apuntes de facultad, sus vinilos, cassettes y magazines, sus postales de otros lugares del mundo a los que nunca irán.

Así, hoy, la decoración tiende hacia dos clases de hogares: los ridículamente despojados y los estúpidamente repletos.

Así, hoy, los usos y costumbres fetichistas marchan hacia dos tipos de tipos: el boludo minimalista; y el boludo acumulador.

Así, hoy, y dado que  soy un poco de los dos tipos de boludo, busco quedar bien con todo el mundo y subo la sección de DESCARGAS… para que puedas tener lo intangible.

Déjà vu, Guillermo Martínez, bloqueos y posibilidades

In Descategoría, Personales on 19 febrero, 2014 at 12:12

Un mes y medio sin déjà vus

Hace un mes y medio que -para no usar la patética expresión “patié el tablero”- diríamos, metí el bochazo y cambié de frente.

Hasta diciembre trabajaba en una agencia de publicidad (diez años, más o menos, en el rubro); y desde enero ya no. Ahora escribo… Escribo más que antes, en todo caso.

Como sea, en este mes y medio logré componer una rutina mañanera que, aunque no completamente nítida, empieza a consolidarse. Así, me levanto, enciendo la radio en la computadora, abro el procesador de texto, el navegador de Internet y luego, a mano, apunto una lista de objetivos a perseguir durante el día. A partir de entonces, de a ratos escribo, de a ratos leo, de a ratos me arrastro por el tedioso y necesario oficio de darle bola a las redes sociales…

En relación con esto último es que, por ejemplo, ahora existe este blog; o que también por ejemplo y de pronto, todas esas “herramientas” 2.0 empiezan a relacionarse entre ellas, como con vida propia, y uno va recibiendo alertas, mensajes, correos electrónicos y sugerencias. Así, hoy temprano llegué al blog de Guillermo Martínez.

La entrada más reciente enlazaba con un cuento publicado en Página12: Déjà vu, o los reinos de la posición horizontal. El cuento es breve y realmente admirable. Los temas, como el autor mismo explica y como yo arriesgo, son el contraste del frenesí en el acto sexual frente al letargo de la ancianidad senil; el principio cartesiano; las relaciones de familia; y, por supuesto, el Déjà vu.

Mientras lo leía, en la radio (@nadie951) comentaban el éxito editorial de Contarlo Todo, de Jeremías Gamboa. Es un libro que no leí, por lo que no puedo estar completamente seguro respecto de qué va en un sentido amplio; pero de acuerdo con los locutores, se trata de una novela de iniciación, fresca, literariamente “novedosa” cuyo tema es “romper el bloqueo”, dejar de hacer aquello que se hacía patética y tediosamente y animarse a… escribir. Qué sé yo.

La cosa, es que en ese momento en que empezaba mi día, inesperadamente se congregaban diferentes aspectos que me parecieron estar hablando de mí. Diríamos, el fin del bloqueo, un blog literario, un escritor incipiente / un escritor eximio, el dedicarse a escribir, mis propias ideas del déjà vu, mi literatura, pienso, o escribo, o babebo luego existo…

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Y entonces, sucede que entre otras ideas, siempre creí que el déjà vu era algo así como un volantazo del destino, un bochazo que, en un momento de lucidez cósmica, cambia de frente el rumbo que veníamos tomando en la vida. Algo así como un permiso celestial para frenar el devenir y retomarlo desde un punto determinado, pasado. Por supuesto, EL momento desde el que retomamos es un momento que vivimos por segunda vez. Superponemos un instante universal con el mismo instante universal y cambiamos la dirección de nuestras decisiones: es ese acto el que nos provoca la sensación de cosa ya vivida; puesto que efectivamente lo es.

Hoy, blogs, redes, desbloqueos, lecturas y literaturas de por medio, no recuerdo cuando fue la última vez que tuve un déjà vu; y eso me preocupa. De cierta manera, esperaba que el déjà vu viniese, que fuera una comprobación del cambio; pero ya va un mes y medio, y nada.

En el cuento de G. Martínez, al final, el protagonista comprende la realidad en la que vive, o transcurre. Por mí parte, yo todavía no estoy seguro. Las posibilidades son dos. O que el último déjà vu de mi vida vino hace tiempo y no tiene nada que ver con las letras; o que este sea, sin más vueltas, mi único destino.

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